La vez que un guardia de Metro creyo que les robe
Okey, si les digo que tengo una suerte horrible, es porque de verdad la tengo.Todo comenzó un día alrededor de las 3 de la tarde. Era un día tranquilo y yo estaba preparando algunas cosas para adoptar un gato (que al final no llegó, por cierto, pero esa es otra historia). Ese día estaba regresando de la universidad con toda la calma del mundo. Había comprado comida para gato y me estaba dirigiendo a la salida.
En la salida tienen esas máquinas que detectan si alguien está intentando sacar algo sin pagar, además de varios guardias. Justo cuando estaba pasando, la alarma comenzó a sonar y uno de los guardias se me acercó para preguntarme si llevaba algo. Yo, tranquilamente, le dije que no y que podía revisar mi mochila sin ningún problema.
El señor, sin embargo, no quería revisar mi mochila porque, según él, eso iba en contra de su código o algo así. Entonces, sin problema, saqué mis cosas y empecé a enseñárselas yo misma. Me pidió que volviera a pasar por la máquina que detectaba las cosas y, nuevamente, empezó a sonar.
Ahí ya comencé a asustarme un poco, porque yo sabía perfectamente que no había robado nada, pero el señor seguía insistiendo en que tenía algo y que le mostrara todo. Llegué al punto de enseñarle hasta mis toallas porque la situación ya era demasiado rara.
Entonces el guardia se me acerca y me dice:
—Mira, más te vale no estar mintiendo, en la tienda hay cámaras y sabremos si estás diciendo la verdad.Bebés, me dejó fría.
Al final me dejó ir, pero aun así siguió diciéndome que yo tenía algo y me hizo pasar una humillación horrible. Entiendo que los guardias tienen que hacer su trabajo y que, si una alarma suena, obviamente tienen que revisar qué está pasando, pero no creo que fuera necesario hablarme de esa manera, sobre todo cuando yo estaba colaborando desde el principio y le estaba enseñando todo lo que llevaba.
Al final regresé a mi casa y lloré, por obvias razones. Mi abuela me preguntó qué había pasado y le conté todo entre lágrimas. Me dijo que iba a ir a gritarle al de seguridad (no la deje ir ). Después se lo conté a mi mamá, a otros familiares y básicamente a medio mundo.Y ahora, cada vez que voy a Metro, ese guardia me mira feísimo. Lo peor es que, cuando voy con mi familia, también las mira mal a ellas.
Así que, aparentemente, el señor todavía cree que soy una criminal internacional por culpa de una máquina que decidió sonar cuando yo solo compre comida para gato.



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